Ya en octubre del 2001, la reconocida neuropsiquiatra infantil chilena Amanda Céspedes señalaba que hay un sobre diagnóstico de niños con déficit atencional,  que además, no duermen lo necesario  o se alimentan mal; muchos de esos casos se tratarían de niños que provienen de “un mal vivir”, como lo califica la doctora. Hijos de la sociedad posmoderna, del dormirse a las 12 de la noche, cero reglas, cero normas, que viven en una sociedad light donde todo se improvisa. Sin embargo, hay que ser optimistas pues a través de una buena educación, que comienza al interior del hogar, los niños/as pueden tener un desarrollo integral. Desde la infancia y hasta el inicio de la adolescencia, los niños requieren de tres aspectos que son fundamentales y que se dan en forma sucesiva: los hábitos, normas y límites.

  1. Hábitos para toda la Vida: Son conductas que se aprenden antes de los 5 años de edad. Es elemental los Horarios de Sueño: los niños que duermen sus horas y se levantan temprano suelen ser muy saludables. Esto está relacionado con la melatonina, una hormona que entra en acción durante la noche y que cumple la función de regular los procesos fisiológicos del organismo. Por esto, es clave que los padres creen conciencia de su importancia en los pequeños. Una buena forma es mostrarles ejemplos de la naturaleza: “el sol se levanta temprano e ilumina la tierra y por la noche está cansado y se duerme”. El Orden, es importante que los niños/as aprendan a cuidar sus pertenencias y las ajenas, también guardar las cosas cuando terminan de jugar. Si un niño/a no aprende a ordenar sus juguetes, difícilmente será un adulto ordenado. Comer en Familia: es una costumbre en extinción, hay que ser enfáticos y favorecer estos espacios de reunión.
  2. Normas: Se adquieren en la etapa preescolar y se intensifican en el colegio, específicamente entre los 6 y 12 años de edad. Cumplen la función de acotar ciertos comportamientos para favorecer la vida social. Importante, el Respeto: norma fundamental que va desde la gentileza en el trato por las personas que viven en la casa, hasta enseñarle al niño a expresarse sin improperios. Esto se inculca desde los inicios del lenguaje. El respeto se incorpora con cariño, explicando y siendo sistemático. Por ningún motivo se debe imponer a través del castigo. El tapaboca es uno de los actos de mayor humillación que un adulto puede hacerle a un niño/a. La Organización: entre los 6 y 12 años el orden se convierte en organización. Los niños/as deben comprender que hay que respetar los horarios y las normas de la casa para que exista una adecuada convivencia. Son aspectos básicos que si no se respetan pueden enturbiar el ambiente familiar.
  3. Límites: A partir de los 10 años, los padres deben enseñar a sus hijos a manejar su propia independencia. Los límites son restricciones que se ponen a la autonomía de los niños/as con el criterio de proteger y orientar. La idea es que el niño/a sienta que tiene la libertad para tomar sus propias decisiones, pero entendiendo que si vive en el hogar con sus padres, hay ciertas restricciones para vivir en familia. Los límites se parecen a las normas por cuanto la idea es normar. Sin embargo, en el mediano plazo son ellos los que toman las decisiones en momentos claves. Es como decirle a un niño/a que si va a andar en bicicleta no cruce en medio de la calle y luego, en la adolescencia, si va a beber alcohol, no maneje. La idea no es controlar, sino que entregarle a los hijos las herramientas para que ellos mismos administren su libertad. El objetivo es que los hijos sepan, por ejemplo, que deben avisar si llegan más tarde o no van a comer en casa. Los límites se modifican con el tiempo de acuerdo a la madurez de los niños/as y los cambios en su entorno.

 

El Castigo no sirve: Nada peor en la crianza que el castigo, la amenaza y los gritos. El castigo no funciona pues los niños son como los monos porfiados, los castigan y al día siguiente hacen lo mismo. La clave está en la Negociación, que es la manera de influir positivamente en los hijos. Es una especie de canje en la cual se premian ciertas actitudes y las negativas, simplemente no reciben ningún tipo de elogio. Un ejemplo  de negociación podría ser: “yo sé que a ti te encantan las galletas de chocolate y como te cuesta acostarte temprano, ¿qué tal si cada vez que te vayas a dormir a las nueve, te dejo galletas para que te sirvas en el colegio? De esta forma, con cariño y usando un vocabulario acorde con la edad del niño/a, se sentirán que están canjeando su libertad por algo que le gusta.

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